La
evaluación de los alumnos tiene un carácter
integral. Comprende los aprendizajes vinculados
a lo afectivo, social, cognitivo, motor y expresivo realizados
en los diferentes campos del conocimiento. Permite identificar
logros y dificultades y ajustar las estrategias de enseñanza
a las necesidades del grupo.
La
evaluación constituye una instancia formativa,
ya que ofrece información no sólo a los docentes
o a los padres, sino a los alumnos mismos, quienes toman conciencia
del punto en que se encuentra cada uno en relación con
lo aprendido por el grupo. Además de la evaluación
diagnóstica que se realiza el primer mes de clase, son
instancias evaluativas: las pruebas bimestrales, los trabajos
prácticos, el trabajo en clase y en la carpeta y el desempeño
de los alumnos en las distintas propuestas de la escuela.
A
través del boletín, que se entrega
al finalizar cada bimestre, los maestros informan sobre la marcha
del proceso de los niños en lo académico y lo social.
La
tarea realizada en los talleres se evalúa en informes que se elaboran a mitad y fin de año.
En
ambos documentos se registran los logros alcanzados por los alumnos,
así como las dificultades que han presentado en el aprendizaje
de los contenidos enseñados, y cuentan además con
instancias de autoevaluación a cargo de
los mismos chicos.
Asimismo,
también es objeto de evaluación la tarea de la institución,
y el desempeño de cada uno de los involucrados en dicha
tarea, lo que permite rectificar rumbos y proyectar nuevas metas.
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